
Prometí algo para ti, no se me ocurrio nada mejor que escribir para ti y como se que eres insomne como yo quise hacer un cuento, espero que sea de tu agrado esta pequeña historia...
Habia una vez una mujer, hija del alba y hermana de la luz, que se enamoró perdidamente de la noche, dejo de ver la luz y se escondió entre las sombras de su amado, ahi estubo mucho tiempo, dejo de brillar como digna hija del amanecer y perdio su vitalidad matutina, sus cabellos de oro, se volvieron de plata y sus ojos se cubrieron de la niebla nocturna. Su madre al verla tan demacrada decidió alejarla de la noche, llevandola consigo a todos los lugares del mundo, para que así dejara de sufrir. Pero la mujer estaba como anesteciada, no reaccionaba, las mañanas no la alentaba y solo dejo de mirar. Su madre llena de luz, la tomo en sus brazos y la irradio, pero eso no fue suficiente, ella extrañaba a la noche, lo besaba culpablente en el moneto en que su madre se preparaba para brillar, el cielo era su testigo mudo y sus huesos se demolian al saberse sola al salir el sol, ella sabia que a cada lugar del mundo llegaba la noche, la que le dejaba mensajes entre las flores mojadas de rocio, en la suave briza del mar y en los cuerpos de los amantes nocturnos que por las mañanas salian a los balcones a mirar como salia el sol.
Así pasaron muchos años, decadas, centenarios, decenios, etc. pero un día el alba no se llevo a la mujer, y la dejo en las tinieblas de la noche, pero al estar tanto tiempo con la luz sus ojos se apagaron, y fue entonces cuando su amado nocturno le enseño a ver sin ver, le enseño a vivir en tinieblas y fue así como vivió hasta el final de sus días cuando cuando la noche dejó de apagar los días.