jueves 30 de abril de 2009

La ciudad del viento, la sal y el humo...

Claudia, pidió a su padre detenerse a mitad del camino, había visto unas flores muy lindas a la orilla del camino y quiso recoger unas pocas para llevar a las casas de los enfermos que visitaría, su padre la acompañó y su hermano Ivan la miraba desde el auto, compadesiendose de ella, luego de un rato subieron al auto y el olor de las flores inundó el aire, Claudia estaba radiante y brillaba con luz propia, no bastaba el sol para bañarla con su luz. Vestida de blanco, bajó en la primera casa del recorrido, correspondía a la casa de una anciana mujer, de rostro amarillo y una gran nariz arqueada, sus manos fuertes y huesudas tomaron las del médico, blancas y finas, la vieja se inquietó por la presencia de Claudia y se le acercó, quería verla de cerca, quería ver el ser de luz parado en su puerta.
Con mucha dificultad se aproximó a tomarle la mano, le hizo unas señas y Claudia fue hacia una pequeña puerta, no entendían que pasaba, la vieja se entendía con ella, no quería dejarla, quería algo y solo Claudia se lo podía dar.
Con una seña la anciana le señaló un jarrón muy feo, ahí puso Claudia las flores que había recogido en el camino y se sentó a su lado un rato, mientras su padre e Ivan la revisaban como si fuera un papel escrito, la miraban y le decían que debía cuidarse de no tomar mucho el viento y que procurara no mojarse con la lluvia, que necesitaba a alguien que la cuidara y no un marido borracho que la hiciera pasar malos ratos, ella los escuchaba pero sin embargo no soltaba la mano de Claudia la quería para ella sola, esperaba el momento en que las dejaran solas para decirle su secreto.
La mujer ya la conocía, la había visto desde la reja del patio trasero, donde la niña acostumbraba jugar rodeada de sus hermanos y la había visto caer desde un árbol y levantarse sin llorar, le conmovió verla tan fuerte y tan linda que quería que fuese de ella sola no quería compartirla.
Así llegó el final de la visita y la anciana no fue capaz de decirle lo que sentía a Claudia, cuando la niña se desprendió de su mano, ambas sintieron un vacío en el corazón, tenían miedo de decirlo y lo callaron, solo se miraron y Claudia se fue con Ivan, mientras el padre le daba las ultimas indicaciones a la mujer.
Subieron los 3 al auto, Claudia no dijo ni media palabra en todo el camino hasta la próxima casa, estaba inserta en sus pensamientos, pero ¿qué estaría pensando???