En las casas próximas, no había mucho que ver para el padre y su hijo, pero sin embargo Claudia estaba casi en un estado de éxtasis, no comprendía mucho las enfermedades que esas personas presentaban, pero le resultaba inquietante el hecho de que vivieran algunos enterrados en porquería, rodeados de animales o simplemente en casas derrumbadas. Muchos vivían en las laderas, entre los cerros, frente al mar o en el plano, las casas que lucían como pequeñas cajas de cartón en medio de esa tierra roja, como puntos negros en la arena blanca o como de colores metálicos en el bajo. Para Iván, nada era diferente a la última visita, todo seguía normal, no había mejoría en los pacientes graves, los niños podían correr de nuevo y las esposas recién paridas ya estaban lavando las ropas mugrientas de sus esposos, los sucios paños de los bebés y las ropas a medio remendar de los niños... Nada es diferente para él, su vida seguía, no importaba como, solo seguía, además ¿a quien le importaba su vida si solo era y seguiría siendo el hijo del doctor del pueblo? ¿acaso posaría sus ojos en una de las chicas del pueblo y viviría una vida normal como uno mas de los pobladores de ese lugar? ¿quién sería tan tonta como para dejarse engañar por ese hombre? ¿sería igual al resto de los bebedores de la zona alta del pueblo? ¿bajaría alguna vez de esa colina con la hermosa casa blanca para vivir como el resto de los mortales?......
Ni siquiera el mismo podía responderse esas preguntas, él ya se las había hecho, pero no sabía como responderlas, no podía salir de la sombra de su padre, su madre era tan perfecta que era casi un pecado pensar en encontrar a una mujer diferente a ella, no podía imaginar su vida en el pueblo, lejos de su casa, la que lo había visto crecer y en la que hasta ahora ha vivido tantos hermosos momentos junto a sus hermanos y hermanas, donde por las tardes podía tenderse en el jardín a disfrutar el suave canto de las aves, sentir la brisa tocar su pelo y donde podía ver correr a su alrededor a las pequeñas niñas de la casa bajo la estricta mirada de su madre.
Pero este día fue diferente, una pequeña niña de cabello color miel, con grandes ojos color amarillo, llamó su atención. Era aproximadamente de la edad de Claudia, era la hija de una pobre mujer que vivía cerca de la playa, en una pequeña casa solo para ellas dos, al llegar Iván a la casa, la pequeña estaba jugando al lado del portón, la madre los esperaba adentro y una vez que el auto se acercó lo suficiente, esta salio a recibirlos.
Nada de lo que hasta ese día Iván había visto, tenía comparación con lo que esa niña presentaba, era mas que una simple niña para él, todo se iluminaba con su presencia, incluso los charcos se sucias aguas en los cuales la pequeña recogía agua para jugar, parecían como espejos de cristal, al ser tocados por ella. Era la infantil diosa griega, con su suelto cabello al viento, con las manos sucias y los pies descalsos, la que ahora se mostraba plena frente a él, en un momento se sintió morir, había alcanzado un estado de gloria interior, no podría entender lo maravilloso del momento, nada era tan importante en su vida, mas que mirar y admirar a la pequeña.
La visita comienza, Claudia es la primera en entrar en la paupérrima morada, la sigue su padre y la mujer, el médico la examina, pero necesita la ayuda de Ovan, él todavía está parado frente al portón, mirando a la niña jugar inmersa en su propia fantántisca realidad. El padre le pide ingresar a la casa, Iván siente que cae del cielo, que vuelve a la tierra, que baja hasta las profundidades del infierno y resucita con las palabra de la niña: "TU PAPÁ TE ESTÁ HABLANDO"...